Nos preguntamos muchas veces qué fue lo que motivó a los pobladores de las localidades del sur del Partido de Magdalena buscar durante décadas su autonomía.
Una primera respuesta, es el abandono por parte del Estado municipal de todo aquello que hiciera que estas comunidades se pudieran desarrollar normalmente.
Las grandes distancias entre los pueblos y la ciudad cabecera, caminos precarios, inaccesibles en épocas invernales o de grandes lluvias, hacían que poder realizar trámites burocráticos, acceder a la salud y la educación secundaria y superior fuera una empresa casi imposible.
Este aislamiento del centro administrativo municipal, dio como resultado, con el paso del tiempo, una marcada diferencia en la idiosincrasia de las dos regiones.
Magdalena, población que crece a partir del siglo XVIII como centro de defensa de frontera contra las incursiones de los grupos originarios, tiene una historia fundamentalmente criolla.
Las localidades del sur son en su gran mayoría, pueblos que nacen en el siglo XX. A estas tierras vinieron a poblarlas gran número de inmigrantes, lo que imprimió a cada lugar donde se asentaron una forma de ver la vida muy particular.
El no depender directamente de Magdalena como generador de trabajo, fue un punto muy importante en la idea, que crecía cada día, que era posible vivir con lo que generaba cada población.
El Ferrocarril, la Base aeronaval de Punta Indio en Verónica, Corcemar en Pipinas, el polo turístico en Punta del Indio de la mano del Hotel Argentino, la producción láctea en Alvarez Jonte y la fruta de Las Tahonas, como también la producción agropecuaria en general, sostenían esta idea.
La ausencia del estado municipal, llevó a los vecinos a reemplazar sus funciones para poder satisfacer sus necesidades básicas. Las Asociaciones civiles y cooperativas tomaron la decisión de ocupar ese espacio vacío. Es así como se ayudó a estas poblaciones a seguir creciendo, en todo sentido: Educación, Deporte, Cultura, Mantenimiento de calles y caminos rurales, Pavimento, Cementerio, Correo, Teléfonos, Energía eléctrica, Radicación de los Bancos Nación y Provincia, Agua corriente.
Las distancias infranqueables y la difícil comunicación, no solo produjo aislamiento efectivo en la asistencia, sino que lenta y progresivamente, fue imponiendo el “localismo” como forma de vida.
Antes las necesidades surgió la “Solidaridad de lo contiguo”, la sensación de pertenencia a un lugar, todos los factores tradicionales, que comunicados generacionalmente, conducen a una polarización natural.
Esta región sur pasó a ser, con el devenir del tiempo, la expresión localizada de un conjunto de ideas, creencias, sentimientos y costumbres, determinadas por una geografía más estrecha y compartida.
Todas estas ideas y sentires dieron como resultado un proceso que llevó a que se produjera un movimiento autonomista que comenzaría a mediados de la década de 1950 y se concretara un 6 de diciembre de 1994.
El 6 de diciembre de 1994, todo un pueblo estallaba de júbilo en el centro de la Plaza San Martín, cuando desde el edificio de la delegación Municipal de Verónica, se escuchó la noticia más esperada en años:
¡ES LEY!
Rápidamente las localidades de Punta del Indio, Pipinas, Las Tahonas, Alvarez Jonte, La Viruta, Monte Veloz y Luján del Río, se sumaron a esta alegría colectiva, a la conclusión de una larga espera de más de 37 años, en la que se luchó por la autonomía de los llamados “Pueblos del Sur del Partido de Magdalena”.
Este proceso, se dio, no por capricho de algunas personas, por intereses particulares o por una decisión política ajena a los pueblos, esta lucha nació desde las entrañas de la misma comunidad y la llevó hasta las últimas consecuencias.
Las distancias, la falta de comunicación, el olvido y el desentendimiento del Estado Municipal central de Magdalena hacia los pueblos del sur del Partido, hizo que la gente, a través de las Asociaciones civiles, tomaran el destino de sus vidas en sus manos.
Nunca se resignaron. Si el Estado no venía a ellos, lo reemplazarían por el trabajo mancomunado de todos los vecinos, vecinas, y de ese modo, lograron solucionar gran parte de las carencias que tenían, confirmando que era posible una cosa: ¡VIVIR CON LO NUESTRO!.